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Tribuna Estudiantil

Los jóvenes opinan en serio, sobre temas de interés nacional

 


Una Educación Emocional, una mirada para formar. 

            Desde la mirada biológica de Humberto Maturana[1] las acciones humanas, y por ende nuestro razonamiento, se fundamenta en las emociones. Esto se refiere a que la motivación que nos hace actuar de una u otra forma está basada en las emociones humanas; “estas crean el dominio de acciones en que un animal se mueve” (p.20) por lo tanto “posibilitan su accionar” (p.17), o sea  plasman contexto a nuestras intenciones o pensamientos. De esa forma las personas deben aprender a reconocer y aceptar sus emociones cómo tales y la importancia que tienen en su diario vivir.

            Dentro del ámbito educativo preescolar se debe inculcar a niños y niñas a reconocer estas emociones y por lo tanto entenderán que en ellas se sustentan sus acciones y pensamientos. De esta manera entregamos una educación integral que posesiona a los educandos como seres activos que se retroalimentan de su propio actuar, puesto que podrán cuestionar y reflexionar constructivamente sus prácticas cotidianas. Pero esto no es un proceso individual, debe ser la Educadora quién a través del constante ejemplo muestre a niños y niñas la aceptación tanto propia como del otro. El autor nos explica que “es a través de la aceptación del otro dentro de la convivencia donde puede ocurrir el fenómeno social” (p.22). Por lo tanto ella debe dar importancia al desarrollo socio afectivo dentro de la diversidad del grupo, trabajando la aceptación y el amor a sí mismos para que esta convivencia parta desde los niños y no como una obligación impuesta por externos.

            Actualmente la sociedad necesita personas que convivan en constante armonía unas con otras. Necesitamos individuos que acepten la diversidad para que aprendan a no discriminar, sino a incluir.

            La Educadora de Párvulos, para inculcar una sana convivencia, debe dar a sus discursos una pragmática de amor y aceptación al otro. Generar un contexto comunicacional donde se acepte a las personas, el yo y el otro, con sus similitudes y diferencias. Esto se logrará cuando ella acepte a los demás,  se acepte a sí misma y refleje en su praxis el amor de aquella aceptación. Solo así generará una educación emocional de sana convivencia, basándose en un lenguaje que incluye y acepta al otro desde una postura emocional.

Autora: Paulina Schneidewind Estudiante Educación Parvularia  Universidad Andrés Bello   Cátedra: Pedagogía del Lenguaje 2013

Referencia Bibliografía

[1] Maturana, H. (1990). Emociones y Lenguaje en Educación y Política: Editorial Universitaria. Chile

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Emociones y Lenguaje en Educación y Política                        

        A partir de la revisión del texto “Emociones y Lenguaje en Educación y Política”, del biólogo chileno, Humberto Maturana, reflexionaré en torno al capítulo “origen de lo humano: el lenguaje”. Para ello consideraré la siguiente cita: “Lo peculiar humano no está en la manipulación, sino en el lenguaje y su entrelazamiento con el emocionar” (1.pág.18).

            El autor  plantea, que si bien las investigaciones referidas al desarrollo y evolución del cerebro humano, desde el punto de vista biológico, apuntan a la capacidad que ha adquirido el hombre para manipular su ambiente mediante el uso de la mano, lo propio e inherente al ser humano, y por tanto, lo que marca la diferencia de otras especies, es El Lenguaje.

            Sostiene que la hominización del cerebro ha sido posible mediante el desarrollo del lenguaje, destacando en dicho desarrollo, la interrelación con las emociones.

            Con el fin de sustentar su afirmación, Maturana hace referencia a situaciones cotidianas en que se utiliza el lenguaje como mero “sistema de símbolos”, para él “…tal afirmación nos impide ver que los símbolos son secundarios al lenguaje” (2.pág.18).

            En definitiva, para que sea posible concebir el lenguaje como  una instancia comunicativa, evidencia del desarrollo evolutivo del ser humano, es preciso que se produzca una interrelación consensuada que involucre las emociones propias del hombre.

            Sostengo, a partir de  mis experiencias empíricas, tanto en el ámbito profesional como personal, que es muy difícil disociar lenguaje de emoción. Cada intención comunicativa conlleva un sinnúmero de factores que influyen en la producción lingüística propiamente tal.

            Por citar un ejemplo, si observamos a niños  pequeños, el desarrollo del lenguaje nos facilita inferir su entorno familiar. Un niño limitado en sus emociones, inserto en un ambiente carente de afectividad, cuidados y cariño, como consecuencia, manifestará restricciones en su código lingüístico; aspecto  posible de evaluar mediante sus producciones orales rudimentarias y con  escaso léxico. Del mismo modo, al carecer de categorías semánticas que le permitan conceptualizar y apropiarse del entorno, la comprensión es dificultosa,

            En definitiva, la presencia de un ambiente biopsicosocial que ignore las emociones y  no promueva  la interrelación significativa entre los aspectos psicológicos y biológicos que intervienen en el lenguaje, generará un estancamiento en el desarrollo del mismo.

            En conclusión, si extrapolamos la realidad descrita anteriormente referida al desarrollo del lenguaje del niño a la afirmación que hace Maturana, respecto a que lo peculiar del ser humano tiene que ver con  la interrelación del lenguaje con las emociones, es posible afirmar que evidentemente la evolución del cerebro humano se ha producido, no solo debido a la manipulación del ambiente a través del uso de la mano, sino más bien a una apropiación del mismo a través del uso del lenguaje y en pro del desarrollo de la humanidad. Argumento que debemos considerar los mediadores de la educación.

Autora:   Jennifer Herrera Tapia, Cátedra: Pedagogía del Lenguaje, Facultad de Humanidades y Educación, Carrera: Educación Parvularia - Universidad Andrés Bello. .

Bibliografía: Maturana, Humberto (2000) Emociones y Lenguaje en Educación y Política.  Edit. Hachette. Chile

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